Amargo Regreso
Dulce noche. Sombra se tumba en el cesped y coge entre sus dedos una brizna de hierba. Sombra quiere ser escritor, pero no sabe escribir. Ni siquiera ha cogido nunca un lápiz en sus manos. ¿Por qué querría entonces ser escritor?
Sombra creaba historias. Las creaba en su mente. Se repetía las frases una y otra vez para memorizarlas y guardarlas en su archivo de historias, en un rinconcito de su cabeza. Pero lo mantenía en secreto. Le daba vergüenza que alguien supiera que inventaba historias. Sombra no era de esos. Sombra era parco en palabras: no sabía palabras bonitas, ni sabía de gramática ni de
ortografía. En realidad Sombra sabía muy poca cosa, y de lo que sabía tampoco estaba muy seguro de que fuera cierto. Pero quería ser escritor, porque era lo único que le emocionaba hacer; además, era lo único que nadie sabria jamás de él.
Sus historias siempre secretas. Siempre suyas.


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